martes, 17 de marzo de 2009

Esos dolores dulces...


Nos reencontramos con Maru y Sil en su hermosa casita de Trevelin y tambien con Marisol y Lucia que venían de hacer temporada en el Bolsón, y con las que seguiremos el camino hacia México… de a poco se va armando la caravana…
En Rio Arrayanes, en el parque nacional Los Alerces, lugar de bosque y rio verde transparente, acampamos e hicimos un terrible asadito, después vinieron las lagrimas, los abrazos y nos despedimos definitivamente (por un tiempo largo, obvio) de Maru y Sil.
Luego de días de camping en la naturaleza, con nuestras nuevas compañeras nos encaminamos hacia Bolsón, pasando unos días en Lago Puelo.
En Bolsón nos recibió Malu y Roberto, madre marchand e hijo escultor y pintor, con quien compartimos una cena con una charla deliciosa, “sobre la vida misma” donde Malu señora de 81 años, fresca, liviana, inocente y profunda, con unas ganas de vivir increíbles, nos leyó escritos de su autoría que rozaban la sencillez de un niño y la sabiduría de un anciano
Al otro día nos fuimos con Roberto a su casa del bosque, lejos de todo tipo de civilización; por la noche armamos una picada y junto con las chicas, escuchamos casi extasiados bajo la luz de la vela a Roberto un hombre de barba canosa, ojos atentos, postura firme y un paladar exquisito, introducirnos en el magnifico mundo del vino, descubriendo olores y sabores increíbles en un vino bastante barato… Al otro día nos fuimos, sin antes darnos unos buenos abrazos y prometerle que volveríamos después del viaje a aprender más del vino, a hacer jamón crudo, bondiola, chorizo colorado y todo lo que sabe Roberto sobre ese animalito tan rico que es el chancho.
Pasamos una noche más en el Bolsón en le camping Ave Fénix donde las chicas querían despedirse de su madre postiza “la Negra” con la que tanto se habían encariñado en la temporada.
Salimos a Bariloche a dedo, Florentino nos levanto a las 2 horas de estar en la ruta, luego de hacer nuestra acción de bien del día, ayudar a Florentino a bajar un tanque de 2500 litros en una escuela humilde, sonó el teléfono y se dio un nuevo encuentro, Fede nos esperaba en una estación de servicio de Bariloche, y así se producía un nuevo encuentro y uno mas se sumaba al viaje que se va tornando en caravana, ja!
Florentino agradecido nos dejo en la puerta de la casa de Juma, donde nos esperaba otro nuevo asadito. A la tarde nos fuimos al centro cívico donde nos reencontramos con Mari y Lu, y la compañía estaba completa. Conseguimos más barato que el camping, un monoambiente a 50 mts del Lago Nahuel-Huapi, y así pasamos 3 días en Barilo, como adolescentes que alquilan depto en la costa atlántica en el verano, a pasos de la playa, heladera con cerveza, TV con cable y hasta tostadora eléctrica (vi Futboooolll, a pesar de las mujeres!!! Tenia aliado, ja!). Una Locura!!!
“Que veinte años no es nada…” ¿y 29, Carlitos? Aiiiii, Mi cumpleaños me encontró en La Angostura, en la casa de Paola, una antigua amiga, amiga de un amigo…. Fogón, guitarra, tambor y luna llena así pasé la noche de mi cumple con mi compañera y 3 amigos de la vida, Fede, Mari y Lu… con ceremonia de tabaco incluida, la noche se volvió profunda e introspectiva para todos, un antes y un después en la banda, en mi caso hasta hubo algo de melancolía…
Paola nos cedió amablemente su casa y nos quedamos un día más haciendo artesanías. Surgió en la “banda” la necesidad de salir de la patagonía y acelerar un poco el paso, así que los 7 lagos pasaron como un suspiro. Por suerte, caímos en la cuenta que no era necesario ir de terminal en terminal, había que apostar siempre al dedo y como dijo Macedonia “no importa el destino sino el camino” o algo así… y paramos la moto. Dormimos en la terminal de Zapala y arrancamos temprano el dedo. Un baqueano del lugar, nos propuso llevarnos hasta Las Lajas, aunque si queríamos el iba hasta Loncopué… “y bueno vamos hasta Loncopué”
El pueblo nos recibió con la manos abiertas, fuimos invitados a comer a lo de Marita, mochilera que levantó el hombre que nos llevaba después que nosotros, y por la cual nos enteramos que ahí también la minería hacia estragos. Le entregamos la película “Cielo Abierto” de Carlos Ruiz, que viaja con nosotros como especie de antídoto ante semejante plaga y prometimos quedar en contacto.
Nos fuimos al camping municipal en el cual se estaban armando los preparativos para el Festival de la Tradición, un evento de que se hace una vez al año en el pueblo, así que donde pudimos hicimos la carpa y ahí quedamos. Ariel, encargado de la organización total nos presento al Intendente, quien no tenía cara de querer hacer nuevos amigos y nos regaló entradas para una Peña Folclórica. Al otro día empezado el festival, decidimos ir a pasar el día a Copahue, lugar de termas. Luego del dedo caímos en Caviahue a 15 km de las termas lugar de ski en invierno. ¿Cómo explicar la sensación de tristeza infinita? A la entrada del lugar un cartel de vialidad dice “Comunidad Mapuche”, un sector alambrado con 5 o 6 trailers donde parece que viven los antiguos pobladores… Caviahue, lugar bellísimo, con araucarias y un gran lago donde la construcción crece aceleradamente con hoteles y casas desordenadamente, donde gente del lugar llama “plaga” a los “indios”… que puedo decir…”avergonzado de ser parte de una especie…” creo que dice una canción de la Bersuit.
En Copahue, me sentí como en la película Cocum, una especie de hospital donde gente mayor de edad, promedio 75, se va a recuperar de enfermedades con aguas termales, curativas… nos miraron raro, creo que nadie entendía bien que hacíamos ahí y nosotros creo que tampoco…aunque la verdad que nos divertimos mucho.
De vuelta en Loncopué, nos dedicamos a vender artesanías y a comer. Mientras vendíamos metidos entre el gauchaje (nunca vi tanta gente con facon, botas, bombachas y ponchos junta!!!) sufríamos con las caídas de los jinetes que intentaban domar caballos salvajes. A la noche cuando todo terminó, cuando solo quedaban gauchos borrachos, y después de fracasar en el dedo, Ariel y compañía, nos regalaron cervezas, cordero, carne de vaca, piñones, etc., me dio las llaves de los baños y hasta me presentó a la policía “por si teníamos algún inconveniente…” nunca nos cobro ni el camping, ni el puesto de artesanías, ni la comida, ni la onda. No nos alcanzaron las palabras para agradecerle el trato, tan olvidado en lugares turísticos, donde el viajero es repudiado y el turista es dios.
A la mañana siguiente, los chicos experimentaron el encierro durante 60 km, un hombre con un camión refrigerante se ofreció a llevarnos a Las Lajas y aceptamos. Mientras yo viajaba en la cabina, tranquilo, charlando con el chofer, los chicos viajaban completamente a oscuras en la caja-heladera, algunos al borde del pánico, después supe.
Cristian, otro camionero, flaco, colorado de 27 años, se ofreció a llevarnos a Chos Malal, pueblo del norte neuquino, y así partimos los 5, en la cabina de un 1114 doble acoplado, a 50 km/h por la ruta 40, un paisaje desolado, de montañas y pastos bajos, donde cruzamos a 3 autos en 4 horas y donde obviamente quedamos todos dormidos. En Chos Malal, hicimos un nuevo asado invitamos a Cristian que tan bien se porto con nosotros, y nos despedimos de Lucía que se iba a Mendoza en busca de un amor peruano.
La enseñanza de este trayecto, de los reencuentros y las despedidas, nos las regalo el parabrisas del camión de Cristian, en el que se leía “Agua que no haz de beber, hazla hielo pal ferne…”

viernes, 27 de febrero de 2009

Todo camino puede andar

Tal vez la revolución solar en Piscis, quizás la asunción del nuevo presidente del imperio o a lo mejor el calentamiento global, la familia sólo alegó razones económicas y al fin y al cabo se cerró, a la confitería llegaba cada vez menos gente y decidieron cerrar mucho antes de lo previsto para nuestra alegría y para la tranquilidad de todos. El 10 de febrero partimos de la estancia después de muchos abrazos y promesas de reencuentro con personas como Norma, Sil, Maru o Rubén…, dejamos atrás una experiencia que nos quedará grabada para siempre y agarramos la ruta nuevamente.
Empezamos a transitar los 15.000 Km. que nos separan de nuestro “supuesto” destino, a mirar el mapa hacia arriba, caminando despacito como el caracol con su casita encima.
Había pensado titular estas palabras con el nombre de un disco de León, De Ushuaia a La Quiaca pero Ushuaia se nos negó.
Intentamos salir a dedo y nos quedamos chupando frió todo un día en la frontera con Chile (para cruzar a la isla, primero hay que entrar en el país vecino, locuras de la historia, vió) volvimos a Rio Gallegos para buscar un micro y no había pasaje por varios días, el día anterior hasta nos atrevimos a romper el protocolo y averiguamos en avión pero teníamos que volver a Buenos Aires y luego volar a Ushuaia, retroceder 2500 Km. para avanzar 500 Km.…mmm!!!
Al final y vencidos por el cansancio, nos tomamos un micro a El Calafate, “quedará para otro viaje” fue el slogan del consuelo, además la idea nos es cruzar por La Quiaca, sino por Paso de Jama hacia el desierto de Atacama, asi que León quedarás para otro momento.
En Calafate, gracias a un dato que nos dio Ángel, amigo guarda fauna de Cabo Vírgenes fuimos a parar a la Cueva un refugio con años de historia dentro, lejos del camping ortodoxo y del hostel turístico. Un oasis, dentro de ese pueblo global, donde nos sentimos cómodos.
Estuvimos dos días dando vueltas por el pueblo. Lugar donde la globalización venció a la diversidad cultural, donde los antiguos pobladores de la zona sólo aparecen en los nombres de restoranes o hostels. Un pueblo que puede ser argentino, canadiense o suizo, todo está mediado por el dinero y preparado para que el turista no se sienta desprotegido. En fin, un pueblo global, la idea acabada de este sistema uuufff… suerte que apareció Ángel y nos llevó a conocer el Glaciar Perito Moreno. Prefiero evitar todo tipo de descripción del Glaciar porque semejante belleza supera mi rudimentaria escritura. El Glaciar se impone por su presencia, toda representación me parecería vana.
Volvimos a la tardecita, después de habernos comido una picada con vino frente al glaciar para envidia de varios y nos tiramos a dormir una siesta. Como hacia rato veníamos con poca fiesta con Ceci, cuando nos despertamos a la noche arrancamos para un predio donde se festejaba el 132° aniversario del Lago, y tocaba la Bersuit. Bailamos y saltamos por turno, mientras uno cuidaba el bolso el otro se metía en el pogo. Cuando terminó el recital, nos llamaron nuestros Ángeles guardianes, Sil y Maru, que estaban en Calafate atrás del escenario y hacia allá fuimos. Sil es hermana de Dani, uno de los que canta en Bersuit, asi que nos hicieron pasar a la recepción, charlamos y comimos un rato, felices del reencuentro, partimos con la banda hacia un lujoso hotel de varias estrellas.
Nos fuimos derecho a la habitación de Dani, junto a varios integrantes del equipo, cerveza, whisky y demás, nos pasamos la noche escuchando y riéndonos a más no poder con jugosísimas anécdotas del rock, que me serían imposibles reproducir en estas palabras.
Al otro día, bajo un lluvia importante partimos con Sil y Maru hacia el Chaltén, gracias a otro dato de nuestro querido amigo Ángel, fuimos a parar a la comunidad de Jesús, un terreno de un ex porteador que deja tirar la carpa a quien quiera vivir ahí y donde abre su casita que recién esta armando a todo aquel que quiera vivir en comunidad con los demás. Ahí conocimos a Franco, Gastón, Marino y demás personajes, y obviamente a Jesús el dueño de casa y nos volvimos a despedir de nuestras amigas que siguieron camino a Trevelin.
Luego de dos días en la casa de Jesús soportando un diluvio grande pudimos salir a recorrer los hermosos senderos del Chalten, caminatas de horas, entre bosques frondosos, lagos escondidos entre montañas, glaciares colgados casi del cielo. A pesar del cansancio no paramos de caminar, arrastrados por el asombro...
Salimos del Chaltén después de largas horas de hacer dedo. A las 5 de la tarde, nos levantó una camioneta que iba a Gdor. Gregores. Asi conocimos a Nicolás y Paula. ¨En 3 horas estamos aprox¨ dijeron. A la media hora estábamos parados en la ruta porque se había roto un cable, arrancó y a los 5 minutos nuevamente se rompió pero esta vez otra cosa, después de pedir ayuda en una estancia cercana partimos nuevamente agarramos la ruta 40, puro ripio, todo venía bien y ya caí la noche, cuando después de saltar un guardaganado la camioneta no anduvo más. Y ahí quedamos en el medio de la patagonía, en la ¨ïnmensidad de la nada¨, en una ruta desoladísima, noche oscura sin seres humanos en 50 km a la ronda, después de charlar un rato y conocernos un poco más con Nico y Paula, nos fuimos quedando dormidos, Nicolás había avisado a su papa que si no llegaba para las 23 hs. lo salga a buscar. A la una de la mañana, apareció una luz en el camino, nuestra salvación, era el padre de Nico ya acostumbrado a estos episodios patagónicos. Llegó, engancho la camioneta y partimos a Gregores. Llegamos a las 3 de la mañana Al otro día, partimos de Gregores. Imposible ir por un tramo de la 40 asi que, volvimos al mar, Puerto San Julián, Caleta Olivia y nuevamente a la montaña Perito Moreno, Los Antiguos, Cueva de las Manos.
Algo me llamó la atención de estos pueblos que no aparecen tanto en las guías turísticas, en sus paredes aparecen tímidamente pintadas contra las mineras, preguntando me enteré que las minas hace rato están instaladas en la provincia, destruyendo lugares arqueológicos, paisajes y contaminando el agua.
Al parecer, acá en el sur la Tragedia es la Riqueza, vio señora? Pero claro, mejor no hablar de ciertas cosas…

lunes, 26 de enero de 2009

Andar nuevos caminos

Notas sueltas desde el Cabo…



“El Faro es la mirada de la Civilización

sobre los hijos suyos esparcidos por el Océano.”

Macedonio Fernández






Me levante con la convicción de que prefiero tomar mate cocido todo el día y dormir en carpa a tener una maquina de café automática y un cómodo colchón. La libertad es impagable y la comodidad, una gran trampa. El calendario gregoriano y el reloj pésimos inventos para el espíritu.


El año empezó con un gran banquete y la alegría de volver a encontrarme con la familia, de sorpresa cayeron a visitarme mi sobrina, abuela, hermano y cuñada, pasamos varios días juntos. Para nosotros fue una inyección anímica y una felicidad enorme volver a ver después de muchos meses a mis seres queridos, luego llegaron mis viejos y volvió una nueva inyección y una nueva felicidad. Aunque logré deshacerme de una buena parte de mi mochila que le entregué a mi madre para que la llevé nuevamente a Merlo (cada día necesito menos cosas y por raro que parezca me siento orgulloso de eso), el tamaño y el peso sigue igual porque con la llegada de mis viejos llegó mi sagrado tambor, un alimento para el alma y un dolor para el cuerpo.

Si bien no la estamos pasando nada mal, y la verdad no tenemos de que quejarnos, “la alegría y el hastío” como me escribió mi amigo Ricardo son de igual medida.

Nos surge la ansiedad de movernos, de volver a la ruta, a la incertidumbre de donde dormiremos hoy, que comeremos o quien será el loco que nos llevará. Mientras tanto nos aprovechamos de esta situación y robamos la dirección de todos los que llegan hasta la confi, se enteran de que vamos mapa arriba y nos dicen que los pasemos a visitar.

No queda más que un mes y si fuera por nosotros ya arrancaríamos, pero el compromiso “moral” y afectivo sobre todo, que adoptamos con las que hoy consideramos nuestras amigas, Sil y Maru, es innegociable por lo que seguiré levantándome todos los días a mirar el mar y veré que aprendo de nuevo en este camino.


Por la tarde, después de cerrar la confitería, siempre damos un paseo por Cabo Vírgenes, cuando estamos regresando y miro a lo lejos la casa y el faro, el mar y la inmensidad de la estepa patagónica, el atardecer, la soledad y el silencio, no puedo más que sonreirme y decirme a mi mismo, “será una paradoja que tenga que vivir al lado de un faro en este momento de mi vida o solo una casualidad…” me encanta la postal que veo al regreso de las caminatas y no puedo creer que sea yo el que vive ahí.

.

El otro día icé una bandera Argentina en el mástil de la confitería porque la anterior ya era un trapo, mientras lo hacía recordé los actos del colegio, donde fui abanderado o cada tanto pasaba a la bandera, y lo hacía como algo más a cumplir del protocolo escolar. Me canté a mi mismo “Aurora” con una sonrisa de costado, mirando el estrecho de Magallanes, dominado por plataformas chilenas. Aunque no me siento patriota para nada debo admitir que cierto cosquilleo sentí. En la confitería tenemos un libro de visitas y los mensajes que deja la gente son dirigidos a la patria, al país, etc.… ¿Acaso Merlo, o San Telmo, o Morón son menos Argentina que este lugar, históricamente habitado por gente de origen británico? ¿Será la cercanía con la medianera del vecino chileno, lo que despierta la nacionalidad, o ese fervor por el país en la gente que escribe y que, estoy convencido, en el lugar donde viven lo olvidan tan rápido como yo? ¿O son solo las vacaciones?


Si me preguntan a mí, arriba de la Argentina izaría la bandera Latinoamericana… ¿Hoy sería una actitud sanmartiniana o duhaldista? En el colegio izábamos la bandera Argentina y abajo la bandera bonaerense…Je!


No, Lito, no me quiero olvidar de esto! Aunque quiera andar nuevos caminos…

lunes, 29 de diciembre de 2008

Un osito de peluche de Taiwan


Seguimos inmersos en esta obra de teatro al estilo de Chejov, un escritor ruso que tan bien describió la vida de campo, donde los gestos, miradas y actitudes hablan más que las palabras. Todo pasa a un nivel subterráneo, como por lo bajo, y lo que en la ciudad serían nimiedades, en el campo se vuelven cuestiones inmensas, como los personajes de los que estamos rodeados son reales me abstengo por respeto de contar historias que verdaderamente podrían ser novelas de las cuatro de la tarde. A cambio tengo está pequeña historia navideña.
Estamos a 120 Km. de la ciudad más próxima, Rio Gallegos y cada “bajada” a la ciudad para la gente del campo y principalmente para nosotros puede ser todo un acontecimiento. El tiempo en el campo se transita a otro ritmo y el buceo hacia dentro se vuelve tal vez mas profundo porque no se puede dejar en casi ningún momento de estar con uno mismo.
El 23 de diciembre, en vísperas de la navidad, decidimos con Sil, Maru y Ceci, irnos a Punta Arenas, Chile, donde existe una zona franca, en la cual se venden miles y miles de cosas a precios muchos más baratos. A las siete de la mañana Ceci y yo ya estábamos sentados en el asiento de atrás de la camioneta esperando como dos nenes la aventura de de bajar a una ciudad y con la incertidumbre de qué realmente necesitábamos comprar, luego de dos meses de no comprar ni siquiera un chicle. Partimos con mate y galletitas camino a Chile. Llegamos a la frontera, hicimos los papeles, y ya ahí notamos que parte de los “yilenos” no tienen la mejor cara para los argentinos.
El camino va bordeando el estrecho de Magallanes, hay pequeñas montañas, valles, muchas curvas, cascos de antiguas estancias y la costa del estrecho aparece con bahías y casas de pescadores a los costados. Llegamos a Punta Arenas luego de 2 horas de viajar por un camino hermoso, nos fuimos directamente a la zona franca, una calle con shoppings a los costados, estacionamos el auto y con calculadora en mano, empezamos la recorrida.
Mientras yo me deleitaba con las cámaras de filmar, imaginándome como sería documentar el viaje; las chicas, negocio al que entraban, negocio que salían con alguna bolsa. Así todo el día, como nenes eligiendo su regalo de navidad, íbamos de negocio en negocio, nosotros buscando lo que creíamos que nos faltara en la mochila y ellas lo que necesitaran para su viaje y para su camioneta. Yo parecía la mujer del grupo no me decidía por nada y cada elección costaba largo tiempo, mientras ellas para esperarme se iban probando cosas que luego terminaban llevándose, el mediodía paso de largo y decidimos no comer porque “¡como vamos a comer en navidad, aguantemos!” dijo Ceci. A la tarde nos fuimos a las afueras de la ciudad en busca de un contacto que les habían dado a Sil y a Maru para que les coloque el stereo que habían comprado en el shopping. Miguel, estuvo una hora y pico desarmando la toyota para colocar el artefacto, entre charla y charla nosotros nos turnábamos en la parte de atrás porque afuera hacia mucho frío, hasta que decidí quedarme a la intemperie para probar la impermeabilidad de mi nueva campera.
Luego de colocar el stereo, nos hicimos una recorrida por la ciudad, un lugar verdaderamente hermoso, con muchas casas antiguas de paredes de chapa pintadas de colores, con jardines con flores y una vista al mar magnifica. Desistimos de la idea de no comer y nos fuimos directo a un bar, pedimos el sándwich mas grande que había para compartir y casi no lo terminamos, mientras charlábamos con el chico de la barra, un mozo, con la boca grande como su panza indirectamente se reía de mi peinado. Emprendimos la vuelta porque al otro día teníamos que cocinar para la nochebuena, pero antes pasamos por una disqueria para comprar un cd y probar el nuevo stereo.
Y así salimos hacia Argentina, al ritmo de los Auténticos Decadentes, la camioneta se transformo en una fiesta, pasaron varias curvas, varias horas y el animo empezó a decaer, y la noche a aparecer. “Y esa casa?” dije yo “es la que te mostré a la ida” dijo Ceci, “uh, esa montaña no la vi cuando veníamos” dije e intente filosofar sobre como el camino de regreso se ve distinto al de ida. A las 11:30, hora que tendríamos que estar en la estancia, nos dimos cuenta que estábamos perdidos. En un paraje de frontera cerrado, golpee en una puerta y apareció un carabinero, antes de que diga algo, “si, estás perdido” me dijo, “te pasaste 180 Km. pero no te conviene volver, anda hasta Dorotea y ahí cruza la frontera, volvé por Rio Turbio”. A las 1:30 de la noche estábamos en la frontera Argentina haciendo los papeles, el gordo de la aduana nos miró con desconfianza, a esa hora y viniendo de Punta Arena era de sospechar, así que empezó a revisarnos el auto, nosotros habíamos planeado lo que declararíamos y lo que no, porque estábamos pasados del limite de compra pero con el cansancio y la desorientación, nos confundimos todos, el gordo me pidió la cámara que le habíamos comprado a Norberto el cocinero, y yo saqué lo que no habíamos declarado, le di la maquina de pelo “ah, no perdón eso no es…” después la marmita ”no, esto tampoco”, ya me miraba con cara de malo y creo que empezaba a pensar que se quedaría para Navidad “de regalo”. Salimos de la frontera, tan rápido que nos olvidamos la cédula verde y tuvimos que volver, la encontró alguien en el piso, la agarramos y salimos de nuevo, casi volando. Estábamos por fin en Rio Turbio, Argentina. Pero todavía faltaban muchos kilómetros…El camino se hizo sinuoso y muy muy solitario entre montañas y árboles, si bien la noche estaba oscura, en esta época nunca termina de cerrarse y siempre hay luz en el horizonte, igual todos ya empezábamos a cabecear, Sil se tiraba agua en los ojo, abría la ventana o fumaba intentando no dormirse. Nuestro próximo destino era La Esperanza, no es una metáfora, es un paraje en el medio de la nada. Llegamos casi dormidos. Tomamos un café, y luego de una charla amistosa con los dos playeros y una pareja de neuquinos, decidimos dormir una hora y media. Todos doblados, como se suele dormir en un auto salimos a la hora para Rio Gallegos, el sol estaba alto y apenas eran las 5 de la mañana. En un control policial a 25 Km. de Gallegos, nos paró un policía, “de Punta Arena vienen? Se equivocaron un poquito, ahora tienen que seguir 25 Km. derecho, no doblen en ninguna curva, y llegan a Gallegos” dijo y largo una carcajada, le pusimos la mejor cara que teníamos. En Gallegos le dejamos una valija a Luicito que debíamos llevarle el día anterior y seguimos camino, faltaban 120 Km.
Llegamos a la estancia a las 11:30 de la mañana después de más de 24 horas de gira. Nos pusimos a cocinar junto con todos los que estaban, a la tarde una pequeña siesta y a la noche estábamos brindando y comiendo en una larga mesa en el salón de la hostería con todos los que vivimos acá, más los guardafaunas.
Los Decadentes volvieron a sonar y se armo la fiesta, bailamos y tomamos en el living, el piso de mas de 100 años de antigüedad, hecho con maderas de barcos encallados en el estrecho, hacia que todo se moviera mas de la cuenta, corrimos alrededor de una mesa de billar, pinto el trencito, túnel y hasta el baile de la botella.
Ya tarde, el alcohol y la distancia, trajo la nostalgia por las fiestas pasadas donde brindábamos con la abuela, los viejos, los hermanos, sobrinos, primos, tíos, y después nos juntábamos con los amigos… en fin, la distancia hace que ciertas cosas que parecen una rutina tomen otro color, como dijo el colorado Macallister, un rústico numero 3 de Boca, “todo cambia, los viejos siempre dicen: antes era mejor, esto o aquello, pero todo se va transformando, es normal y hay que adaptarse…” es cierto todo se transforma, pero que lindo que era cuando creía en Papa Noel, me estaré poniendo viejo, colo?!!!… Felices Fiestas a todos!!!

lunes, 24 de noviembre de 2008

Para saber lo que es la soledad...


Después de los primeros 15 días de cocinar y cocinar en la estancia para la confitería, nos mudamos al fin del continente a lo que para nosotros paso a ser nuestra “casita” y una nueva etapa del viaje en los siguientes 3 meses.
La confitería se llama "al fin y al cabo" y es pura ventana. Nos levantamos y nos acostamos mirando el estrecho de Magallanes, con una vista privilegiada de Cabo Vírgenes, que de virgen parece ya no tener tanto. Si bien la línea del horizonte acá siempre esta a la altura de tus ojos, y el cielo parece ser el dueño del lugar, a lo lejos se vislumbra el mundo de hoy, plataformas petroleras en el mar como naves espaciales ancladas en el agua. Empezamos a conocer a los vecinos de este lugar. Pegados a nosotros en un pequeño vallecito, bajo el faro, los marineros que se encargan de prender todas las noches el guía de altamar. A seis kilómetros sobre la costa, la casa de los guardafaunas que cuidan de la reserva de pingüinos y a nuestra derecha unos cuantos kilómetros más una fabrica de petróleo.
Desde que abrimos la confitería todos se encargaron de hacerse conocer, los guardafaunas se hicieron bastante habitúes de las cosas dulces que cocinamos, tortas, masitas, alfajores etc., los petroleros solo vienen en busca de alcohol y con los marineros ya hemos compartido más que mates, tortas y otras hierbas… como buenos vecinos, nos invitaron un día a comer, Fabián y Daniel cocinaron y nosotros llevamos de postre un flan. Nos hicimos tan intimos vecinos que Fabian, un gran artesano, nos regalo una cuchara de madera tallada por él. Si bien en un primer momento (debo reconocer mis prejuicios) me incómodo saber que habian sido educados en un lugar tan nefasto como la Esma, ahora sólo los veo como buenos amigos.

Los turistas van llegando de a poco, y de a poco nosotros nos vamos acostumbrando al mismo cuestionario. Después de comentar lo desastrosa que está la ruta, viene la pregunta “y ustedes viven acá?” a lo que respondemos con cara de ingenuos “si, por?”. Mirada va, mirada viene, y se viene la segunda “y tienen televisión?” “mmm, no” “Internet?” “tampoco y tampoco tenemos teléfono” y ya con cara de no me gustaría estar en tu lugar “y que hacen todo el día?” y ahí es cuando nos quedamos ya sin respuestas, como escribió Ceci en su diario “los días pasan de infinitos a cortos” y es así. Hay días que son eternos, podemos estar tratando de batir records en el solitario del windows, mirando con los binoculares la diversidad de pájaros que rondan por acá, tejiendo alguna pulsera o atendiendo turistas todo el día y ahí los días se vuelven muy cortos y cuando te acordas estas viendo nuevamente un hermoso atardecer (tengo colección de atardeceres en la camara…) y ya te tenes que ir a dormir porque son las 11 de la noche. Con los marinos, nos enteramos de tarde en tarde de lo que sucede en el mundo de lejos, ellos tienen directv y nos cuentan de lo que sucedió en tal lado porque justo daba con la charla, en mi caso cada tanto pregunto de deportes (aunque por lo que me entere sobre mi equipo, mejor no saber nada), o cosas como quien es “el nuevo presidente del mundo” solo para saber nomás, no creo que pueda hacer demasiado igual sabiendo eso. Acá no hay ni muertos del día ni secuestrados ni asaltados, las noticias del lugar son mas bien, “mañana viene una tormenta” o “los petroleros están de huelga” o “mañana la bajada del mar es a tal hora y se puede entrar caminando como 300 mts” si bien no son muy relevantes para la comunidad en general, si lo son para esta pequeña “comarca” de amplio territorio.
Desde que llegue acá, sentía que me faltaba algo, que estaba de alguna manera “lejos” del cine… no se bien en que sentido pero bueno…, le aposté en un partido de ping pong a Norberto el cocinero de la gamela, la televisión de su pieza, pero prefirió dármela de buena gana (tal vez sabiendo que perdía jajaj) alegando que prácticamente no la usaba, así que ahora nos la pasamos mirando películas de noche.
El último domingo a la tarde llegaron a la confitería dos franceses y una uruguaya después de un rato de charla nos contaron que estaban filmando un documental sobre la patagonia, se quedaron largo rato charlando, le contamos del viaje que estamos haciendo y Eric el director y Axel el camarógrafo se entusiasmaron mucho con nuestra aventura. Nos pidieron alojamiento y le conseguimos una pieza en la gamela, como todos los domingos a la nochecita nos volvimos a la estancia y ellos se ofrecieron a llevarnos.
Al otro día Eric nos vino a hablar, quería entrevistarnos sobre el viaje y que hacíamos en la patagonia y aceptamos. A la tarde estábamos Ceci y yo tirados en el pasto de la entrada de la hostería hablando frente a la cámara “de la vida misma” del viaje y de la patagonia. La entrevista duro mas de 20 minutos, a la noche Axel vino a la cocina a tomar unos tragos con nosotros y nos contó que íbamos a aparecer en tres de los cuatro capítulos del documental que sale para el canal 5 de Francia en marzo, al otro día se fueron, nos saludamos como amigos y los despedimos como si los conociéramos de toda la vida, agradecidos de haber conocido gente de lejos tan parecida tan cerca a nosotros, se fueron a seguir su peli por tierra del fuego.
Me cuesta expresar en estos momentos lo que siento, creo que a veces la realidad se presenta mas compleja que los simples deseos o los deseos no son claros en sus origenes, o la vida es como un sueño y la infinita lógica de los hechos es inabarcable para nuestro finito entendimiento?.. faaaaa!!!
... de repente me encontré delante de la cámara queriendo tal vez estar detrás de ella, me encuentro viviendo frente al mar en un paraíso pero trabajando tal vez mas que en la ciudad…me prendo un cigarro, miro la noche y me río para adentro pensando, al fin y al cabo todo “es parte del camino…”.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Un cordero de mi Estilo


Los dias en lo de Pablo pasaron rápido, como las buenas cosas. Visitamos la Lobería, lo vimos en acción a Pablo actuando en la Legislatura de Viedma y nos encargamos de recorrer buena parte de las dos ciudades que si no fuera por el río que las divide serían una. Nos despedimos, como de los buenos amigos, con abrazo y promesa de volvernos a encontrar.

En San Antonio Oeste, nos levantó un camionero. Raúl, correntino, alegre y muy charlatán. Nos dejó en Sierra Grande y a los 10 minutos nos volvió a levantar porque el encargado se había quedado en Comodoro y “no lo iba a controlar”.

Nos dejo en la entrada de Puerto Madryn, con la promesa de que si nos veía de nuevo, nos llevaba seguro. No habíamos apoyado las mochilas en el suelo, que ya Tato y Ana, una pareja oriunda del lugar, él jubilado (seguramente hace poco) y ella trabajadora de un banco, se ofrecieron a entrarnos a Madryn, recorrimos la ciudad con guías de lujo, explicándonos que ya Madryn “no era lo de antes” y nos dejaron en el camping.

Al otro día de estar acampados, por la noche, en la parrilla de enfrente, conocimos a Pablo y Romi, dos hermanos de La Plata. El, hacia dos años que trabajaba en Comodoro y ella había ido a visitar a su hermano que hacia mucho no veía y se habían escapado unos días a la Mar del Plata de la Patagonía. El resto de los días los pasamos con ellos recorriendo la península de Valdez. Visitando Loberías y acantilados y tomando mucho mate. Por supuesto que se ofrecieron a llevarnos hasta Comodoro y nosotros por supuesto aceptamos. Como pudimos metimos todo nuestro equipaje en el Corsa y partimos a Comodoro. En la terminal nos despedimos de los chicos con la promesa de volvernos a ver.

Algo me llamó la atención de estos tres encuentros, si bien gente de distinto sector social y educación, y hasta de edades bien distintas, en las charlas que surgieron y sin nosotros proponer el tema, se habló prácticamente de lo mismo, “el mundo anda mal”, “el hombre está mal”, Que pobreza, que violencia, que hambre, que contaminación, etc, etc etc… Obviamente que cada uno práctico respuestas y soluciones al mundo de hoy, algunas conservadoras, otras desde la “reacción” (de la impotencia, quiero creer) y otras mas progres, por decirlo de alguna manera. Yo ya casi me abstengo de creer en tener las cosas de este mundo demasiado claras como para solucionarlas o tener una respuesta a este embrollo que es el mundo moderno, por lo pronto intento seguir adelante con el viaje de la mejor manera posible, he intento no perder el asombro que me genera encontrarme personajes en todo el camino y escuchar que piensan como si viviera dentro de una película, solo espero que tenga un final feliz, ja!.

Otra cosa me llamó la atención desde que entre en la Patagonia, todo el mundo nombra a “Los Petroleros”, tribu patagónica con nombre de novela de ciencia ficción barata. Al parecer, la costa de todo esta región y mas que nada el sur vive del petróleo, de ahí tanta gente trabajando en esta actividad, el imaginario colectivo los tiene como hombres que ganan mucho dinero, en su mayoría separados (¿será porque trabajan muchos días seguidos?) y gastan su dinero en el juego y las mujeres, yo conocí apenas a algunos, entre ellos Pablo de Comodoro que para nada daba con el perfil. Pero bueno el imaginario colectivo es atractivo para la inspiración de alguna novela, ja!

Pasamos la noche en un hotel de Río Gallegos, del año treinta que me hizo acordar a mi abuela, y al otro día nos fuimos con Silvina, la chica que nos había contratado y Pachi el chofer de la estancia, llegamos casi al mediodía.

Por la tarde, ya nos estábamos probando el uniforme, bombachas de campo y remera de “al fin y al cabo” nombre de la confitería donde trabajaremos y viviremos los dos solos.

A la noche me designaron una pieza en el Taca, antigua construcción de madera de dos pisos. En mi pieza duermen, Norberto, chaqueño, cocinero de la Gamela, hospedaje de la tribu de los petroleros y Walter, entrerriano, chofer de una camioneta además de ser una especie de “che, pibe”. Al lado, de mi pieza duerme, Don Pérez, cazador de zorro colorado que todos los días se levanta a las 6 de la mañana y sale con su caballo en busca de alguna pieza y en el piso de arriba duermen los peones de campo que se levanta a las 7 de la mañana con alguna cumbia al taco para empezar el día, y salen a arriar con sus cuatriciclos algunas de las 13.000 ovejas que posee la estancia.

A Ceci, le toco dormir en una pieza de la hostería, con Lina, chaqueña, cocinera y hermana de Norberto y con Norma, boliviana, encargada de la lavandería.

Completan esta familia, además de los varios dueños y herederos de la Estancia Monte Dinero, Silvina y Maru, oriundas de mis pagos, que son las encargadas, administradoras, a veces cocineras, a veces psicologas y hasta a veces mamás de muchos de este lugar que se nos empieza a dar a conocer en estas latitudes. Todo parece un reallity show de una estancia, con amores, odios, personajes e historias, que se nos van dando a conocer a medida que nos internamos en este mundo que no parece estar tan mal en esta parte del sur.